lunes, 9 de marzo de 2015

De verdaderos creyentes y fanáticos

Presentación

Desde hace varios siglos hay un tema que es el centro de atención de muchos investigadores alrededor del mundo y que en años recientes ha sido objeto de un interés aun mayor: el tema religioso. Es posible ver cómo han proliferado los estudiosos, los ensayos, los análisis y los congresos. Ese interés creciente ha hecho que cada vez más gente busque estudiar, comprender o mínimo tener una opinión cuando un tema que involucra lo religioso sale en la plática. Las opiniones que sobre el tema se generan son diversas; algunas están bien sustentadas y son dignas de consideración y crédito, mientras que otras son, ya sea de una ingenuidad enternecedora o de un dolo insultante.

Como uno de los resultados de estas opiniones, se dan la creación y difusión de algunas expresiones que poco a poco se han hecho famosas en ciertos ambientes, convirtiéndose en lugares comunes. Tomo como excusa una de esas frases, de las que se sueltan así sin más entre los interesados en estos temas y presento una reflexión acerca de una de las muchas aristas que tiene el asunto de los temas religiosos, esperando que sea una lectura interesante y que brinde algunas respuestas.

Necesitamos tener un punto de partida: al hablar de estos temas, muchas personas usan el término «La Religión» ─así, con mayúscula─, que invariablemente ligan a la interacción del individuo con un poder superior antropomorfo ─con forma humana─ y a la militancia dentro de una agrupación determinada. Dicho de otro modo, para muchos sólo se puede hablar de religión si hay dioses y si hay iglesias. Usado así, el término resulta harto simplista y deja fuera muchos aspectos que necesitan ser tratados si se quiere tener una buena comprensión de todo lo concerniente al asunto de las creencias, las prácticas, las ideas y toda la parafernalia relacionada.

Es por eso que muchos especialistas, al abordar el asunto, no hablan de «religión», sino de «fenómeno religioso», cuya definición es un relajo y no se van a encontrar dos estudiosos que den la misma explicación. De forma muy general y para los propósitos de este artículo, puede definirse el fenómeno religioso como todo aquello concerniente a las manifestaciones consideradas como religiosas ─la definición de «religión» es un cantar aparte─, sean éstas individuales o grupales, organizadas o no, aunque se encuentren presentes en esferas ajenas al culto o a las iglesias, como la esfera empresarial o la política.

Desde hace algún tiempo existe una frase peculiar, que aunque no puedo recordar exactamente dónde la leí o la escuché por primera vez, aparentemente se deriva de las tesis del estadounidense Eric Hoffer:

El verdadero creyente [religioso] es el fanático.

En primer lugar no es que Hoffer haya dicho o escrito tal frase, sino que puede ser una síntesis de su obra. Parece más un caso como el de Maquiavelo, al que le atribuyen el dicho «el fin justifica los medios», sin que el hombre haya dicho jamás tal cosa.

En segundo lugar no es el objeto de estas líneas analizar la obra de Hoffer ─algunas de sus tesis me parecen ya rebasadas, además de que es una necedad pelearse con un autor ya muerto─, sino hablar de la frase en sí y del uso que se le ha dado. Con esta frase se busca afirmar que sólo aquél que es «fanático religioso» ─ya verán por qué el entrecomillado─ es quien puede y merece ser llamado creyente verdadero, queriendo dejar a cualquier otro en calidad de falso o «de a mentiritas».

Ni qué decir que tal idea es un sinsentido monumental. Muestra que quien la sostiene en realidad no es especialmente versado en el fenómeno religioso. Por el contrario, entiende tan poco del tema que  busca encerrarlo en un corral lo más estrecho posible, ya que de lo contrario se entra en territorio desconocido y nadie ─incluyendo al autor de estas líneas─ quiere pasar por ignorante. De los que la expresen con dolo, sabiendo que no se sostiene, luego hablamos.

¿Qué hay de malo o de falaz en esta afirmación? Habrá que analizarla.

De los verdaderos creyentes

Por principio de cuentas el hecho de hablar de «verdaderos creyentes». Quienes dicen que «el verdadero creyente es el fanático» suelen cometer la misma equivocación ─o usar el mismo truco, recordemos la diferencia entre ignorancia y dolo─ que los apologetas religiosos, que es el haber establecido ─arbitrariamente y a priori─ una serie de criterios que se tienen que seguir para que alguien se gane su etiqueta de «creyente», de lo contrario no es verdadero, sino falso. Los criterios más comunes son dos y están fuertemente relacionados:

—Los verdaderos creyentes son miembros militantes de algún culto religioso, particularmente monoteísta y específicamente cristiano o musulmán. Esta percepción muestra la incapacidad de concebir el pensamiento religioso en un solo individuo y, de paso, rechaza la idea de que se puede creer en un poder superior sin estar adscrito a alguna asociación religiosa.

—Los verdaderos creyentes cumplen cabalmente aquellos pasajes de las escrituras sagradas que ordenan al fiel matar o causar daños a aquéllos que no comparten la misma fe.

Para ilustrar este punto de vista tienen un rosario de ejemplos, que pueden ser históricos ─las cruzadas o la inquisición─ o contemporáneos ─los ataques a algunos medios de comunicación─-

Esta visión nos remite a la falacia de ningún escocés verdadero1, tan bien explicada por Antony Flew mientras aún tenía uso de razón. Otro autor, Mathew ─desconozco su apellido─, brinda una explicación simple y buena del asunto. La traducción es mía:

¿Qué define a un verdadero creyente? Hay tantas religiones únicas y verdaderas que es difícil decirlo. Ahí está el cristianismo: hay tantos grupos compitiendo, todos ellos convencidos de que son los únicos cristianos verdaderos. A veces hasta luchan y se matan entre sí. ¿Cómo se supone que un ateo decida quién es y quién no un verdadero cristiano cuando ni siquiera las principales iglesias, como la católica y la anglicana no se ponen de acuerdo?
En último de los casos, la mayoría de los ateos toman un punto de vista práctico y deciden que debe ser considerado como un cristiano todo aquél que diga serlo y use la fe o el dogma para justificar sus acciones. Tal vez algunos de ellos estén pervirtiendo las enseñanzas cristianas para sus propios fines, pero si la Biblia puede ser usada tan fácilmente para apoyar acciones no cristianas, ¿puede ser en verdad un código moral? Si la Biblia es la palabra de Dios, ¿por qué no pudo hacerla menos ambigua? ¿Y cómo puedes saber que tus creencias no son una perversión de lo que tu dios propuso?
Si no hay una sola interpretación de la Biblia que no sea ambigua, entonces ¿Por qué debería un ateo, basado sólo en tu palabra, aceptar una interpretación en lugar de otra? Perdón, pero si alguien dice que cree en Jesús y que asesinó a otros porque Jesús y la Biblia le dijeron que lo hiciera, debemos llamarlo cristiano2

En el último párrafo también puede aplicarse el ejemplo contrario: si alguien dice que cree en Jesús y que decidió amar a otros porque Jesús y la Biblia le dijeron que lo hiciera, debemos llamarlo cristiano. La ambigüedad de muchos de los textos sagrados habla mal de la creencia religiosa y de la asociación que la respalda, no del creyente que elige seguir uno u otro camino.

La cuestión del «verdadero creyente» puede complicarse aun más. Tomemos un aspecto del fenómeno religioso, sólo uno: el culto a un poder superior.

Aunque en esencia se trate de creer y rendir honor a algo que trasciende, es decir, que va más allá del ser humano, hay ciertas diferencias entre la creencia en las fuerzas de la naturaleza ─cultos solares, lunares, a las aguas, a la tierra─ y la creencia en los dioses como tales: seres antropomorfos con atributos, pensamientos, cualidades y defectos determinados.

Dejemos de lado los cultos naturales y veamos que, dentro del culto a los dioses, hay diferencias los cultos politeístas, como el griego, el romano o el hindú, y los cultos monoteístas, como el judío o el cristiano.

Dejemos de lado los politeísmos y veamos que, dentro de los monoteísmos, hay diferencias entre el monoteísmo judío y el monoteísmo cristiano.

Dejemos de lado a los judíos y veamos que, dentro del cristianismo, hay diferencias entre el cristianismo de tipo protestante o evangélico y el cristianismo católico.

Dejemos de lado a los protestantes y evangélicos y veamos que, dentro del catolicismo, hay diferencias entre el catolicismo de la teología ─contenido en la patrística, las bulas, los concilios y las encíclicas─ y el catolicismo de las creencias y las prácticas de la gente.

Dejemos de lado la teología y veamos que, dentro de las creencias y prácticas, hay diferencias entre el catolicismo como se entiende en un país como España y el catolicismo como se entiende en un país como México.

Dejemos de lado a los españoles y veamos que, dentro del catolicismo mexicano, hay diferencias entre el catolicismo como se entendía en el siglo XVI ─cuando vino a dar por acá─ y el catolicismo como se entiende en el siglo XXI.

Dejemos de lado el siglo XVI y veamos que, dentro del catolicismo mexicano del siglo XXI, hay diferencias entre el catolicismo como se entiende en comunidades de la sierra de Oaxaca y el catolicismo como se entiende en el Distrito Federal.

Dejemos de lado a los oaxaqueños y veamos que, dentro del catolicismo defeño, hay diferencias entre el catolicismo como lo entienden las señoras adineradas de Las Lomas y el catolicismo como lo entiende la gente joven ─de 25 años o menos─.

Dejemos de lado a las señoras y veamos que, dentro de los jóvenes católicos, hay diferencias entre el catolicismo como lo entiende un universitario y el catolicismo como lo entiende un joven de menor preparación académica.

Dejemos de lado a los universitarios y veamos que, dentro de los jóvenes sin formación académica, no es lo mismo el catolicismo como lo entiende un «sanjudero» ─devoto de San Judas Tadeo─ y el catolicismo como lo entiende un devoto de la Virgen de Guadalupe.

La pregunta es: ¿cuál de todos es el verdadero creyente?

—El que rinde culto a la naturaleza.
—El politeísta.
—El judío.
—El protestante.
—El evangélico.
—El católico de la teología.
—El católico español.
—El católico del siglo XVI.
—El católico oaxaqueño.
—La señora copetona de Las Lomas.
—El universitario.
—El devoto de San Judas.
—El devoto de la Virgen de Guadalupe.

¿Lo son todos? ¿No lo es ninguno? ¿Verdad que no es tan fácil y hacer esas simplificaciones de creencias «verdaderas» es una generalización que no corresponde con la realidad?

Del fanatismo

Ahora toca entrarle a otro tema: el del fanatismo. Aquí es posible notar otra muestra de ignorancia ─o quizá de mala fe─ de quienes dicen que el fanático es el verdadero creyente, pues desconocen el trasfondo de la palabra fanático y, cuando mucho, se atienen a la definición de la RAE, que a la letra dice:

fanático, ca.(Del lat. fanaticus)
1. adj. Que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, sobre todo religiosas y políticas. U. t. c. s.
2. adj. Preocupado o entusiasmado ciegamente por algo. Fanático por la música.

Apegándonos a estas únicas definiciones, vemos que el término para nada es exclusivo del entorno religioso y no es indicativo de la fidelidad a algo o alguien, sino de su entusiasmo exacerbado.

Pero la cosa va más allá de una mera definición de diccionario. Habrá que recurrir a esas disciplinas un tanto olvidadas que son la etimología y la historia, a ver qué pueden aportar al tema.

«Fanático» viene del latín fanum, que significa «templo». En tiempos de los romanos ─y aquí se dispara la imaginación hacia la época del imperio, siendo que en Roma previamente hubo un régimen monárquico y uno republicano─ se conocía a los sacerdotes y a quienes se dedicaban a los cultos exclusivos como los fanaticus o fanatici, pues se entregaban totalmente al servicio del templo. De entre éstos sobresalían algunos, como los sacerdotes de las diosas Belona y de Cibeles, que eran presas de un entusiasmo y un furor exacerbados, al grado de que el fanaticus empezó a ser relacionado con actitudes delirantes, frenéticas, incluso violentas y, por extensión, se comenzó a llamar «fanática» a toda aquella persona exaltada, efusiva y agresiva.

Tomando en cuenta lo anterior, es posible y es sencillo ver que no sólo hay fanáticos religiosos, como los que vuelan edificios o acosan gente en las clínicas de interrupción del embarazo; también hay fanáticos del futbol, como aquéllos que van a los estadios y son parte de las porras que, además de disfrutar el juego ─de eso no hay duda─, golpean a cualquiera que ose vitorear al equipo rival; o los fanáticos de tal o cual grupo o cantante, que abarrotan los auditorios donde se presenta la figura y el hotel en el que se hospeda. Es más: es posible hablar de fanáticos ateos, que hablan de que «las ideas del Ateísmo pueden resumirse en acabar con Dios y con la religión»3.

Con el razonamiento propuesto por quienes enarbolan la frase «el verdadero creyente es el fanático» queda entonces preguntarse: ¿entonces el verdadero aficionado al futbol es el fanático?, ¿el verdadero admirador de un artista es el fanático?, ¿el verdadero ateo es el fanático? No sólo eso, ¿el que no defienda su preferencia o sus creencias de forma exaltada y violenta y que no sea capaz de atacar ni de matar al disidente no es un verdadero creyente?

Puede argumentarse que uno puede ser un gran aficionado a un equipo de futbol o a un artista sin necesidad de actuar como un fanático. Si es así, ¿por qué es posible eso en esos casos, mientras que para ser un verdadero creyente religioso hay que ser un fanático? ¿O será que la afición al futbol o a un artista no disparan los resortes emotivos que sí reaccionan ante la creencia religiosa? Son preguntas cuya respuesta corre a cargo de quienes están a favor de decir que «el verdadero creyente es el fanático».

El fanatismo es la actitud fúrica hacia el que disiente, pero ese furor no dice mucho ─o francamente no dice nada─ acerca de qué tan «verdadero» es un creyente, sólo nos muestra qué tan loco de atar está.

Consideraciones

El estudio del fenómeno religioso es algo tan rico como complejo. Existen muchos problemas a la hora de abordarlo, como las categorías; el cómo denominar ese fenómeno que estamos presenciando. Para el caso que nos ocupa hemos visto cómo se considera el fanatismo como una característica eminentemente religiosa y como una condición ineludible del religioso fiel, siendo ni todos los religiosos verdaderos ─es decir, los que viven de acuerdo con lo que creen─ son fanáticos, ni todos los fanáticos son religiosos.

Aquí expreso una hipótesis personal y, como tal, susceptible de ser rechazada: Hoffer mencionó que el enemigo del fanático de un bando no es el fanático del otro bando, sino el militante moderado, ése que no está tan loco. Si tiene razón ─a mí me gusta la idea, pero lo tomo con calma─ ésta podría ser una explicación de por qué se considera al fanático como verdadero creyente y se desdeña al moderado, simplemente «pa’ andar iguales». Habría que ver si esta hipótesis se sostiene o no.

La frase que dio origen a esta reflexión es sólo un ejemplo de lo que puede pensarse cuando se tiene una visión simplista de los temas religiosos. Limitar el fenómeno a los dioses y los grupos, sin tomar en cuenta la multitud de expresiones del fenómeno más allá de las iglesias, da lugar a concepciones que no corresponden con la realidad y que suelen ser canalizadas por gente no versada en esos menesteres... o por fanáticos, que no siempre «son tontos. A veces son bien listos»4.

Bibliografía

Cipriani, Roberto, Manual de sociología de la religión, trad. Verónica Roldán, Buenos Aires, Siglo XXI, 2004, 360 pp.

Corominas, Joan y José A. Pascual, Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, 6 tomos, Madrid, Gredos, 1980. II, 491 pp.

Eliade, Mircea, Tratado de historia de las religiones, trad. Tomás Segovia, México, Era, 1972, 462 pp.

Hoffer, Eric, El verdadero creyente. Sobre el fanatismo y los movimientos sociales, trad. Adela Garzón Pérez, Madrid, Tecnos 2009.

Otto, Rudolph, Lo Santo. Lo racional y lo irracional en la idea de Dios, trad. Fernando Vela, Madrid, Alianza Editorial, 2001, 224 pp.

Rodríguez Estrada, Mauro, El miedo a la verdad. El poder del Estado y la iglesia sobre el individuo, México, Pax, 1999, 242 pp.

Consultas en la red

Serrano, Pablo, «Ningún verdadero escosés», Analizando falacias, http://falaci.blogspot.mx/2013/11/el-verdadero-escoces.html (consultada por última vez el 9 de marzo de 2015).

Mathew, «An Introduction to Atheism (1997)», The Secular Web,  http://infidels.org/library/modern/mathew/intro.html (consultada por última vez el 9 de marzo de 2015).

Grima, Carlos, «El Ateísmo es aquella ideología que niega la existencia de Dios, y lucha contra la religión y contra todos sus conceptos asociados: humildad, pobreza, obediencia, sumisión, etc.», Iniciativa Atea, https://iatea.org/divulgacion.php?id=2 (consultada por última vez el 9 de marzo de 2015).


1 La falacia de «ningún escocés verdadero» se usa con el propósito de excluir o incluir adeptos a determinadas ideas. La expresión común de esta falacia consiste en lo siguiente: A: Ningún escocés echa azúcar en su avena. B: Pero a mi tío Angus, que es escocés, le gusta echar azúcar en su avena. A: Ah, sí, pero ningún escocés verdadero echa azúcar en su avena. Se hace una afirmación general y cuando un contraejemplo la desmiente, se modifica la definición para excluir el contraejemplo.
2 Mathew, «An Introduction to Atheism (1997)», The Secular Web. http://infidels.org/library/modern/mathew/intro.html (consultada el 9 de marzo de 2015).
3 Carlos Grima, «El Ateísmo es aquella ideología que niega la existencia de Dios, y lucha contra la religión y contra todos sus conceptos asociados: humildad, pobreza, obediencia, sumisión, etc.» Iniciativa Atea. https://iatea.org/divulgacion.php?id=2 (consultada el 9 de marzo de 2015).
4 Mauro Rodríguez Estrada, El miedo a la verdad. El poder del Estado y de la iglesia sobre el individuo, México, Pax, 1999, p. 155.

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domingo, 6 de enero de 2013

El Circo del Absurdo. Pista 1

El año 2012 fue muy significativo para nosotros en varios temas:

En el tema político los cambios de poderes en México y Venezuela. Y ya que este circo no toca temas políticos no abundaremos más.

En el terreno científico vimos en tiempo real el desarrollo de la misión espacial Mars Science Laboratory, mejor conocida como Curiosity, sorprendiendo a todos los que vieron la llegada y llenando de orgullo y esperanza a muchos seres humanos al ver los alcances que, como especie, hemos logrado.

Imagen tomada de Wikipedia.
Sin embargo estos temas pasaron (o están pasando) de largo pronto. El año 2012 se caracterizó ─desde hace varios años─ por la expectativa que generó en millones de personas, quienes vieron este año como el momento preciso en el que todo lo que vieron y todo lo que conocieron llegaría a su término; se acabaría, a la manera de los Testigos de Jehová, este «inicuo sistema de cosas» para dar lugar a algo más. En efecto, el llamado Fin del Mundo.

Todo este fenómeno, que se esperaba para el pasado 21 de diciembre, se inició hace poco más de 25 años, en 1987, cuando el Doctor en Historia del Arte José Argüelles, interpretando el arte y la ciencia que se conocen de los mayas aseguró, sin ninguna evidencia y en contradicción con lo que se conoce de esa civilización, que los mayas habían realizado una profecía en la cual al final del baktun 13 (o 13 baktun), equivalente a nuestro año 2012, este mundo llegaría a su fin. Esta interpretación, errónea o de plano fraudulenta, tuvo un éxito enorme en diversos círculos conocidos como de la Nueva Era, que se prepararon y dedicaron años al convencimiento del resto de la gente de que ─ahora sí─ el fin estaba cerca.

Argüelles y estos grupos no escatimaron en imágenes y descripciones de este fin portentoso. Sir David Von Templo nos hace toda una descripción de este proceso de transición final, que nada tiene que envidiar al Apocalipsis bíblico o de Ragnarok germano. Por su parte Ahuramazdah, la divinidad persa, nos platica con lujo de detalles, fuentes y demás, lo que él considera como la profecía más estúpida de la historia.

Ni qué decir que esta idea del fin del mundo no es nueva. Esteban Lob hace cuentas y nos dice que con éste ya van 183 fines del mundo anunciados. En lo personal recuerdo que desde los inicios del Cristianismo la idea del Juicio Final era un tema recurrente, por no mencionar la expectativa que se tuvo en la Edad Media por la llegada del año mil, entre otras.

Surge entonces una pregunta ineludible y completamente necesaria: ¿qué es lo que sí se sabe de los mayas? Para responderla contamos con la participación de Ego Sum Qui Sum, quien nos hace un recuento breve de la información que se tiene de esa civilización que ocupó una parte de aquello a lo que Paul Kirchoff llamó Mesoamérica, derrumbando varias creencias erróneas (que no mitos) que la generalidad de la gente suele tener sobre ellos.

Un repaso breve por la Historia nos mostrará que muchas civilizaciones vaticinaban que su civilización llegaría a su fin, pero casi siempre se referían a las crisis de valores que afrontaban y a la necesidad que percibían de aferrarse a sus tradiciones o a sus valores morales como factor de identidad, cohesión y fuerza. Otras usaban recursos literarios que ilustraban hitos históricos como fenómenos naturales y los números como símbolos de sus formas de ideología. Han sido las generaciones posteriores las que, por ignorancia o conveniencia, han tomado estas alegorías, relatos y símbolos, dándoles un sentido que sus creadores jamás les dieron (o les hubiesen dado), con las consecuencias que hoy en día vemos: armagedones, regresos de los dioses... o profecías mayas.

Aquí termina la función en esta pista del Circo del Absurdo. No olviden que continúa gracias a los auspicios de la Cofradía Cósmica y del Señor Patito® en los enlaces que encontrarán al final. Historias Clandestinas se despide agradeciendo su atención.



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martes, 11 de diciembre de 2012

¿Cuánto pesa una mentada de madre? *actualizada*

¿Cuánto pesa una mentada de madre?*
Libertad de expresión y Derecho a ofender

Por Rodrigo Ernesto Álvarez Aguilera.

Imaginemos dos grupos de homínidos (muy parecidos a unos chimpancés) deambulando erguidos en lados opuestos de un río de África oriental. Cada uno de los individuos que conforman los distintos grupos es importante y difícil de reemplazar, su desarrollo es lento y se ha invertido tiempo y esfuerzo en ellos, incluyendo a los más pequeños. Ambos grupos requieren los mismos recursos para su subsistencia, pero éstos se encuentran sólo en uno de los lados del río. Por estas razones el combate cuerpo a cuerpo resulta muy costoso en términos biológicos y económicos. 

Estos animales han desarrollado técnicas de intimidación para evitar en la medida de lo posible la agresión: recurren a gritos, alaridos y despliegues de fuerza; rompen ramas, arrojan tierra, heces y escupen al grupo contrario (igualito que la porra de los Pumas). Cada una de estas manifestaciones es señal de una agresión inminente si el otro grupo decide cruzar el río. 

Un grupo de machos del colectivo más necesitado decide probar su suerte y cruza el río. Del otro lado la gran mayoría de hembras huye cargando a las crías más pequeñas, el resto de los pequeños intenta alcanzarlas, algunos desisten y trepan a los árboles. Sólo se quedan en la orilla los machos adultos y algunas hembras adultas sin crías. Los individuos alfa se colocan al frente de sus respectivos grupos. 

Cuando los dos grupos se encuentran cara a cara la violencia no se hace esperar: mordidas que arrancan carne y golpes que machacan huesos. La bipedestación les ha dado una gran ventaja, ahora tienen las manos libres para tomar cuanto está a su alcance y pueden usarlo como arma o herramienta; según sea el caso. Cogen ramas y arrojan piedras; los más fuertes levantan piedras grandes para aplastar cráneos. Unos cuantos machos logran escapar de la escaramuza y van tras las hembras y las crías que huyeron. Cuando las alcanzan matan a todas las crías y a las hembras que intentan defenderse. Sólo sobreviven las hembras que se someten. Pinches changos pasados de verga... 

Algunas de estas reacciones, pese a los miles de años de evolución de nuestra especie, no han cambiado: aún seguimos reaccionando de forma visceral ante lo que consideramos como una amenaza, lo sea o no. Cuando un semejante alza la voz o hace algún despliegue de fuerza, sin importar nuestra edad o género, seguimos temiendo una agresión inminente, nuestra reacción natural sigue siendo el impulso de atacar primero. 

Estas reminiscencias de nuestro origen biológico hacen que creamos que los conceptos de «amenaza», «agresión» y más tarde el de «ofensa» son sinónimos y que dichas acciones deben ser reprobables, combatidas y sancionadas por igual. 

Estos pinches changos salieron con la puntada de crear cultura y civilizarse: dejaron de vivir en los árboles, de ordeñar a sus mujeres, de cogerse a sus chivas y de poner a trabajar a los hijos. Crearon en sus cabezas varias entidades sobrenaturales ─que si el muertito viviente, que si el árbol del conocimiento, que si el osito panda que aún no anda y su chingada madre envuelta en pasta hojaldre─ y los muy cabrones se ofendían si alguien hablaba mal de ellas o las veía feo. Esto causa, en parte, que empiece a desarrollarse el concepto de «ofensa», considerando una agresión personal aquellas formas de expresión que en realidad no atentan contra la integridad del «ofendido». 

Ese proceso de civilización, aunado a nuestra carga biológica, trae como consecuencia que nos ofendamos por la transgresión de los conceptos: lo sagrado, el honor, la virtud y toda clase de pendejadas. Aquél que nos ofende suele ser considerado como un rival, un chango del otro lado del río, que al proferir la ofensa nos hace sentir amenazados, lo cual trae una consecuencia lógica: agredimos. 

Para justificarnos elevamos la amenaza al nivel de agresión y, ya si nos queremos pasar de verga, inventamos un terminajo por demás paradójico y contradictorio: agresión verbal

Afortunadamente ese mismo proceso civilizatorio nos trajo cosas buenas: tras un par de guerras y unos cuantos muertitos se llegó a la conclusión de que el ser humano tiene el derecho de pensar como le dé la gana y de decir lo que está pensando. En pocas palabras: libertad de pensamiento y libertad de expresión. Como de la libertad de pensamiento ya han hablado otros (aunque muchos no lo apliquen) me enfocaré en la libertad de expresión. 

La libertad de expresión conlleva el riesgo de escuchar cosas que pueden resultarnos incómodas, molestas o francamente repulsivas, pero nuestro desagrado no es razón suficiente para querer que esa libertad sea coartada. Citando a George Orwell: «Freedom is the right to tell people what they do not want to hear» («La libertad es el derecho de decir a la gente lo que no quiere oir»). 

Parte de esa libertad de expresión, por desagradable que nos resulte, es el llamado Derecho a ofender

Al expresarnos libremente, en algún momento ofendemos a los dioses, el honor de nuestros padres, la santidad de nuestras madres, la virtud de nuestras hermanas y también su castidad... y esto mucha gente no lo acepta. Muchos valoran más la supuesta sacralidad de una idea que la integridad física de una persona. En ningún caso es aceptable responder a una ofensa a nuestras creencias o a nuestras ideas con una agresión; las ideas podrán amenazar nuestra visión de la vida, pero no nuestra integridad física. Las ideas no son seres vivos, no son entidades independientes, no piensan, no sienten, no tienen voluntad, no se ofenden. Los que se ofenden son sus portadores y su promotores, mismos que suelen ser unos idiotas. 

¿Por qué son idiotas? Pensemos en el caso de Theo Van Gogh
Las religiones organizadas fueron siempre objeto de su sarcasmo. Su estilo irónico y cínico presentaba su visión demoledora del islam. A partir de un guión de Ayaan Hirsi Ali, produjo y realizó el cortometraje Submission («Sumisión»), que aborda el tema de la violencia contra las mujeres en las sociedades islámicas. El filme se emitió en la televisión holandesa en agosto de 2004 y provocó gran indignación entre los musulmanes, que lo tacharon de «blasfemo». La película muestra a cuatro mujeres maltratadas y semidesnudas cuyos cuerpos han sido caligrafiados con textos denigrantes para la mujer, tomados del Corán. 
Van Gogh, que pese a las amenazas de muerte recibidas eludía la protección policial, fue asesinado poco después por un islamista holandés de origen marroquí en plena calle. Van Gogh se dirigía en bicicleta a su trabajo cuando un tal Mohammed Bouyeri, de 26 años y miembro de una organización islamista radical, le disparó, derribándolo de la bicicleta. Lo remató a quemarropa en el suelo con ocho tiros más, lo apuñaló varias veces y finalmente lo degolló. En el cadáver del director, clavada con un cuchillo en el pecho, el asesino dejó una carta de cinco páginas, firmada «en nombre de Alá», que incluía amenazas a los gobiernos occidentales, a los judíos y a los no creyentes en Mahoma. La carta iba dirigida a Ayaan Hirsi Ali y les prometía a ella y a otros dirigentes holandeses (que citaba por sus nombres) un final similar. 
El autor del crimen, Mohammed Bouyeri, fue detenido poco después. «Actué estrictamente en nombre de mi religión —declaró al Tribunal— Algún día, si me liberasen, haría exactamente lo mismo». Dirigiéndose a la madre de van Gogh, le dijo: «No puedo sentir nada por usted [...] porque creo que es una infiel». El 26 de julio de 2005 fue sentenciado a cadena perpetua. 
Los fanáticos religiosos no son los únicos en caer en este hoyo. Esta idea de considerar la ofensa como amenaza y como agresión está presente en otros ámbitos de nuestra vida diaria: 

─ La corrección política. Pensemos en el uso de las palabras «negro», «gordo», «puto», en los chistes a costa de minorías y demás. 

─ El bullying. Hay que saber distinguirlo cuando de verdad se presenta y no confundirlo con la llamada «violencia verbal». 

 ─ Esas mismas ideas entre los mismos ateos. Pensemos en 3 casos nada más: 
  • Rebecca Watson, el ejemplo perfecto de una atea feminazi intolerante. Como si una invitación a tomar un café fuese un intento de violación.
  • El asunto de la vulva eliminada de un grupo de Facebook. Ahora resulta que hay blasfemias que se permiten y otras que no.
  • El que en un grupo de ateos se diga que se permite la blasfemia «siempre y cuando sea de buen gusto».
Aquí entra el chiste de «ora sí agarren piedras»: mientras la burla sea a aquellos que también nos divierten o contra quienes no nos agradan la veremos como expresión libre; cuando el chiste va contra algo que respetamos (que consideramos sagrado) reaccionamos exactamente igual que aquellos de quienes nos quejamos. 

Para efectos prácticos, lo agradable o desagradable de las palabras depende más de quien las escucha que de quien las pronuncia. Pues es responsabilidad del receptor el ofenderse o no, independientemente de la intención o el discurso del emisor. 

Nos sentimos agredidos cuando opiniones contrarias a las nuestras son dirigidas hacia nuestra persona, nuestro aspecto o cualquier cosa de la que dependa nuestra autoestima. No existe tal agresión, por crueles o burlones que puedan ser los comentarios son sólo eso y, desde luego, entran en el campo de lo subjetivo. Violencia y crueldad tampoco son sinónimos. 

Gratuitamente llamamos violencia a muchas manifestaciones que nos incomodan y deseamos censurar. Resulta muy cómodo rechazar el conflicto de ideas y buscamos justificación para imponer nuestras opiniones por la fuerza. Seguimos actuando como niños de 12 años. 

Discriminamos todo el tiempo: al escoger ropa, comida, incluso amistades. Somos selectivos por naturaleza y no hay nada de malo en ello. La segregación y la marginación son otro asunto: coartar las libertades de una persona o un colectivo es algo reprobable e injustificable, no así el emitir opiniones respecto a estos individuos y sus colectivos. 

El manifestar mi desagrado o rechazo por tal o cual individuo o idea no implica marginación. Tampoco significan lo mismo las frases «no me gusta» y «está mal». 

Respeto el derecho de las personas a profesar una religión y a congregarse para celebrar sus ritos, pero eso no tiene por qué impedirme el manifestar mis mis opiniones respecto a sus creencias prácticas: las considero absurdas y retrógradas. Lo mismo se aplica a los grupos étnicos o a las personas con discapacidad: respeto sus derechos pero puedo emitir juicios y opiniones respecto a sus conductas, ideologías, tradiciones o su olor corporal. 

Ésto es segregación y marginación:
  • Segregación es impedir que una mujer negra utilice uno de los asientos delanteros de un autobús en el sur de Estados Unidos o negarle los mismos asientos a un varón mayor de 12 años y menor de 60 en la Ciudad de México. Si, en esta ciudad vivimos una segregación sexual, como sucede en los estados confesionales islámicos.
  • Marginación es el negarle un trabajo a una persona por su condición de género o por su orientación sexual, por como se viste o piensa, no así el llamarle «puta», «maricón», «punketo» o «pinche hereje».
  • Decir que Rebecca Watson es una pendeja no es discriminación, es describir un hecho. 
En última instancia y volviendo al título de esta presentación: ¿Cómo es el clima en la chingada? ¿Cuánto pesa una mentada de madre? ¿Cómo medimos el grado de ofensa de una palabra? La agresión es cuantificable: después de miles de años podemos saber si a un chango lo aplastó una piedra, le arrancaron la carne de los huesos con los dientes o con un utensilio de piedra. Así de objetivo y evidente es el pedo. Puedes medir la diferencia ─enorme─ entre el daño causado por un puñetazo mío y el daño causado por uno lanzado por Mike Tyson. 

No es posible construir un estado de bienestar sin libertad de expresión. Para alcanzar esta libertad es necesario ejercer en pleno el derecho a ofender con cualquier manifestación, llámese blasfemia, señalamientos, sátira, burla, risa, parodia, entre otras; sin importar que resulte ofensiva contra una élite, un grupo socialmente aceptado o un grupo de poder. El ejercicio de este derecho no tendría porqué ser motivo de muerte, persecución o marginación. La libertad no debe depender del país de origen, el color de piel o el patrimonio cultural. 

Una opinión contraria es un ataque a las ideas, no a la persona. El adversario se vale de la palabra y la razón (o la sinrazón si es pertinente). Cualquier ataque a las ideas debe defenderse empleando las mismas armas. 

Fuentes: 





Rosa Parks - Derechos civiles y actividad política

* Ponencia presentada el 7 de diciembre de 2012 en el Primer Congreso Mexicano de Ateísmo, celebrado en la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

** Actualización: aquí pueden ver los videos tanto de la ponencia como de la sesión de preguntas y respuestas en torno a ella.


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martes, 11 de septiembre de 2012

Del «sin dios» individual al «sin dios» colectivo

El estudio del fenómeno religioso, término con el que se intenta englobar todo aquello relacionado con dioses, poderes superiores, otras realidades, mitos, ritos, iglesias, centros de culto, etc., resulta muy importante para comprender muchas de las realidades que acontecen en nuestro entorno. Sea que se trate de realidades políticas, económicas, sociales e incluso ambientales, ocuparnos del punto de vista religioso nos ayuda a tener una visión más amplia de un problema determinado.

Parte de este fenómeno religioso también la integra la ausencia de creencias o ateísmo. No me refiero con esto a que el ateísmo sea también una religión ─afirmación que desde luego no comparto─ sino a que una visión sin dioses del mundo constituye a su vez una pieza más del conglomerado de cosmovisiones presentes en un mosaico religioso tan amplio y diverso como el que se tiene hoy en día.

Sabemos que, etimológicamente, el término ateísmo proviene del griego a=sin y theos=dios y significa simplemente sin dios. De ahí se deriva el término ateo (en griego atheoi), que define a aquel individuo que no cree en ─o que duda de─ la existencia de los dioses. Históricamente el término se utiliza desde la antigüedad clásica griega para referirse a quienes no profesen devoción a las deidades populares o a las apoyadas por el estado, volviendo la palabra en una acusación, cuyo receptor se volvía digno de la pena capital, con Sócrates como ejemplo. 

Como ocurre con muchas otras cosas, la palabra es muy posterior al concepto, pues la idea de la negación o la no aceptación de un poder superior al ser humano data de tiempos más antiguos, siendo un ejemplo de esto la escuela filosófica Chárvaka, que data de antes del s. VII aEC y, a decir de Mircea Eliade, pionero en los estudios del fenómeno religioso, «las demás grandes culturas del pasado han conocido, también, hombres arreligiosos y no es imposible que los haya habido incluso en los niveles arcaicos de cultura, a pesar de que los documentos no hayan atestiguado todavía su existencia».

En nuestros días el ateísmo es concebido como la posición que se opone lógicamente a la creencia religiosa; en ese sentido podemos hablar de una antirreligión o de una no religión. Con el desencanto que la creencia religiosa ha producido y la aparición de corrientes de pensamiento que se oponen abiertamente a dichas creencias, tenemos que el ateísmo deja de ser una mera postura personal y se vuelve una característica compartida y, por tanto, colectiva.

Desde el s. XIX podemos apreciar la formación de agrupaciones declaradamente laicas y ateas en algunas partes del mundo; agrupaciones que, por motivos políticos, falta de membrecías o algunas otras razones, van desapareciendo o transformándose, dando paso a grupos nuevos. Un gran impulso que estas agrupaciones han tenido lo representa la aparición de internet en los años noventa del s. XX, pues les permitió consolidarse, expandirse y multiplicarse. Ateos de distintas nacionalidades pueden interactuar entre sí, intercambiando puntos de vista y proyectos de organización, muchos de los cuales abandonan el entorno virtual, dando paso a un proceso conocido como activismo ateo.

En México esta clase de actividades es muy reciente: se han formado algunas agrupaciones ateas cuyas interacciones pasan de cordiales a conflictivas y viceversa. Existen varios grupos que, según sus declaraciones de principios, buscan promover el desarrollo del pensamiento crítico y científico, oponiéndose al pensamiento dogmático y a la injerencia de las asociaciones religiosas en los campos que le están vedados.

Actualmente dos de estos grupos están presentando sendos proyectos destinados a un público fuera del entorno virtual, con el propósito de promover la divulgación del conocimiento y la interacción entre ateos. En orden cronológico:


El Coloquio Mexicano de Ateísmo. Cuya primera edición tuvo lugar en 2010 y la segunda se llevará a cabo los días 2 y 3 de noviembre de 2012, organizado por la asociación civil Ateos y Librepensadores Mexicanos. Cuenta con la participación de ponentes mexicanos y extranjeros y consta de una serie de conferencias y talleres dedicados, a decir de ellos, al pensamiento crítico y a la difusión del conocimiento.




El Congreso Mexicano de Áteísmo. Organizado por el grupo Ateos de México y cuya fecha de realización será los días 7 y 8 de diciembre de 2012. Su propósito, además de la divulgación, es el de la interacción entre ateos de todas las edades, niveles culturales y preferencias ideológicas. Constará de una serie de conferencias y pláticas impartidas por sus propios concurrentes.

La conformación de comunidades ateas en un ambiente tradicionalmente cristiano se está dando. Será interesante ver las implicaciones que este nuevo fenómeno traerá con el paso del tiempo como parte de este entorno multicultural y esta vasta diversidad religiosa. Resultarán también interesantes las conclusiones de otros interesados en el fenómeno religioso al observar estas agrupaciones y realizar estudios a fondo, tan necesarios como escasos en México.

Referencias:

1.     Eliade, Mircea, Lo Sagrado y lo Profano, trad. Luis Gil Fernandez y Ramon Alfonso Diez Aragón, Barcelona-México, Paidos, 1998, 185 pp.
2.    «Historia del ateísmo» en Wikipedia. Disponible en:
3.    Ateos de México. Disponible en: http://ateomx.org.mx/
4.    Ateos y Librepensadores Mexicanos. Disponible en: http://www.ateosmexicanos.org/

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lunes, 27 de agosto de 2012

Actualización 2o coloquio Representación de la muerte

ACTUALIZACIÓN


Los  organizadores del 2o Coloquio Internacional "Representación de la muerte en culturas indígenas latinoamericanas", nos informan que el plazo para recibir ponencias se amplia.

La nueva fecha límite para entregar sus resúmenes será el día 20 de Septiembre. 



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lunes, 13 de agosto de 2012

2o Coloquio Internacional "Representación de la muerte en culturas indígenas latinoamericanas"

La Universidad Autónoma de Ciudad Juárez , el Instituto de Arquitectura, Diseño y Arte, el C. A. Estudios y Enseñanza del Diseño, la Red de Grupos Étnicos en su cultura, Diseño y Arte, y la Red de Estudios y Enseñanza del Diseño, invitan al 2o Coloquio Internacional "Representación de la muerte en culturas indígenas latinoamericanas", que se realizará los días 1 y 2 de Noviembre, en Ciudad Juárez, Chihuahua.








Mas información:


Mesas de trabajo:

1) Espacios y escenarios mortuorios
2) Rituales y ceremonias fúnebres
3) Mitos y leyendas
4) Música fúnebre
5) Danzas
6) Objetos ceremoniales
7) Ofrendas
8) Arquitectura
9) Significado y simbolismo

Calendario:
Recepción de resúmenes: del 15 de junio al 15 de agosto de 201
Notificación de resultados: del 20 al 25 de agosto de 2012
Envío de ponencias: del 1 al 30 de septiembre de 2012 al comité organizador

Comité organizador:

Dr. Rutilio García Pereyra (rgarcia@uacj.mx; rutiliog@gmail.com)
Dr. Efraín Rangel Guzmán (efrain.rangel@uacj.mx)

Lugar: Instituto de Arquitectura, Diseño y Arte, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, Ciudad       Chihuanua (Ciudad Juárez)

Av. Del Charro 450 Nte, CP. 32310
Ciudad Juárez, Chihuahua, México
TEL. 656-688 48 20, ext.  4995





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martes, 10 de julio de 2012

V Coloquio Internacional Religión y símbolo


La Sociedad Mexicana para el Estudio de las Religiones (SMER) en colaboración con el Colegio de México y la Dirección de Etnología y Antropología Social (DEAS) del INAH invitan al V Coloquio internacional Religión y Símbolo.
Este evento, que se realiza aproximadamente cada cuatro años, en esta ocasión tratará el tema de la "Ortodoxia, heterodoxia y Herejías" y contará con la participación de importantes investigadores nacionales y extranjeros.
El evento se realizará del 15 al 17 de agosto de 2012.





Lugar: Centro Cultural Isidro Fabela, San Ángel, México D.F. 
Cuota: $600. 00 

Más información en el Facebook de la SMER 

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